El ajo (Allium Sativum) es una planta del tipo perenne, con hojas delgadas y planas y una larga raíz. El bulbo está compuesto por diferentes gajos denominados popularmente “dientes” (de 6 a 12), cada uno de los cuales es capaz de originar una nueva planta. 

Se cree que es originario de Asia central y occidental y que su progenitor es el Allium longiscupis. Aparentemente llegó al Mediterráneo con los primeros exploradores, desde donde se difundió a otras zonas y su cultivo data al menos de 7000 años.

Grecia, Roma y Egipto

A los soldados griegos y romanos se les proveía de grandes cantidades de ajo que éstos consumían antes y durante las batallas, al considerar que les daba más fuerza, los energizaba y aumentaba su capacidad atlética. En la tumba de Tutankamón se encontraron modelos de arcilla de ajo puesto que esta planta era adorada por los egipcios en aquel entonces, quienes le otorgaban una gran cantidad de propiedades y lo consideraban un depurador natural de la sangre. Cuenta la historia que los esclavos del antiguo Egipto fueron alimentados con ajo, para que tuvieran fuerzas suficientes para cargar los enormes bloques de piedra con los que se construyeron las grandes pirámides. Sur de Asia Los usos medicinales del ajo fueron ampliamente utilizados y reconocidos en la medicina tradicional del sur de Asia. Las tres antiguas tradiciones médicas: la TIBBI, Unani y Auryvedic emplearon el ajo de diversas formas, como un potente agente curativo.

En la India, el zumo del ajo se recetaba para para aliviar la tos y la sintomatología de resfriados y gripe. También se aplicaba por vía tópica para prevenir enfermedades de la piel como el eccema y la sarna. En Pakistán el extracto de bulbos de ajo se tomaba por vía oral para aliviar el dolor de estómago, reducir la fiebre y tratar la tos. Antigua China Los documentos antiguos datados 2000 años antes de Cristo, demuestran que el ajo era empleado como un importante conservante, ya que permitía el almacenamiento de diferentes tipos de carnes y de otros alimentos. La medicina china tiene una larga trayectoria en la creación de tónicos (como el Kung Fu Tonic) basados en los beneficios del ajo, se empleaban para curar la impotencia masculina, la fatiga, el dolor de cabeza y el insomnio. También está documentado el uso del ajo como tratamiento de la depresión y la tristeza en la antigua China.

La Edad Media

El estamento más bajo de la Edad Media, el pueblo llano, consumía ajo como energizante, para poder soportar las largas jornadas de trabajo, para aliviar el estreñimiento y como antiparasitario y anti fúngico; en cambio la clase alta inducida por el clero (que lo asociaba con brujería), desdeñaba el empleo de este bulbo. Pero más adelante, en un intento de prevenir y curar enfermedades mortales, los europeos comían ajo diariamente, en especial durante los años en los que las diversas epidemias de peste asolaron el continente. La Europa del siglo XX

Durante las grandes guerras mundiales, los soldados utilizaron el ajo para tratar con eficacia las heridas. Como los antibióticos adecuados no estaban disponibles en ese entonces, el ajo era el mejor sustituto que tenían. En 1958, las propiedades antisépticas de ajo fueron verificadas por Louis Pasteur. El científico demostró al cabo de varios estudios, que el ajo crudo es un potente antibiótico natural, antifúngico, antiparasitario y antiviral. Mitos del ajo El Folclore sostiene que el ajo era una de las herramientas más eficaces para repeler vampiros y alejar a los malos espíritus. Los antiguos indios creían firmemente que el ajo era un afrodisíaco que “calentaba” el cuerpo y era capaz de prolongar la vida.

Medicina occidental moderna

En la actualidad usos de ajo con fines medicinales están reconocidos y comprobados científicamente. Cuando se corta un diente de ajo crudo, se produce la liberación de una enzima llamada aliina que se combina con la alinasa, para crear un nuevo compuesto llamado alicina. La alicina tiene propiedades fitoquímicas que pueden inhibir el crecimiento de algunas bacterias como la salmonella y el staphylococcus. También posee la capacidad de detener la invasión y posterior metástasis de células de carcinoma en el colon humano, por lo que se lo considera una eficaz ayuda para los tratamientos contra el cáncer.

El ajo contiene vitamina C, que ayuda a reducir el colesterol LDL (colesterol “malo”). También es un efectivo regulador de la presión sanguínea, ya que puede aumentar el flujo de sangre a nivel de los capilares, lo que mejora de la circulación en los vasos sanguíneos pequeños evitando acumulaciones de coágulos y bloqueos nocivos. Sin embargo, se recomienda consumirlo con precaución si se están tomando medicamentos del tipo anticoagulante, como la warfarina y el ácido acetil salicílico, ya que el ajo puede aumentar el riesgo de sangrado.

El ajo se emplea en la actualidad como alimento, saborizante y medicina. Es posible adquirirlo en diferentes formas: fresco, en polvo, en láminas, en cápsulas y como aceite. Se emplea en diversos cosméticos naturales y es parte activa de muchos complementos alimenticios. Muchas personas que se dedican al cultivo de plantas de forma orgánica y natural, lo emplean como repelente de plagas para evitar el uso de insecticidas. Es una de las plantas más cultivadas gracias a sus efectos protectores del resto de la huerta.

Fuente: Ecoticias

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