El ajo (allium sativum) ha sido utilizado desde tiempos inmemoriales como un alimento medicinal y desde antaño se sabe que comer ajos crudos evita muchos males. Su composición, propiedades y efectos sobre el organismo humano han motivado múltiples estudios, tesis e investigaciones, la principal conclusión que podemos sacar de ellos es que el ajo es un alimento primordial para el bien de nuestra la salud.

Su bulbo contiene alrededor de 400 compuestos químicos, de los cuales muchos de ellos tienen una acción antioxidante. Es decir, protegen a las células del proceso de envejecimiento.

Además, otros compuestos del ajo tienen efecto antibiótico, aumentan las defensas del sistema inmunológico y protegen contra las enfermedades. Ayuda a aliviar síntomas gripales, bronquitis, resfriados y otro tipo de infecciones. Se le atribuyen también propiedades antihistamínicas (combate las alergias) y científicos del Instituto Pasteur proclaman sus bondades antidepresivas.

Se asegura que el ajo combate el estrés y la ansiedad y que sus efectos son parecidos al del Prozac (fármaco contra la depresión), aunque con una acción mucho más suave y sin riesgos para la salud.

Un estudio ha constatado que al ajo ayuda a regular la secreción de serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor responsable de las sensaciones de placer, bienestar emocional y saciedad, que cuando se halla en un nivel alto actúa como un tranquilizante, ayuda a dormir mejor, reduce la ansiedad, apacigua el hambre y alivia la depresión. El estrés hace bajar los niveles de esta sustancia.

Como ejemplo de un plato saludable: tostadas untadas con ajo y aceite de oliva.

Además, el ajo también puede ser utilizado por vía tópica a modo de cataplasmas (ajo cortado en lonchas) para combatir infecciones tipo micosis en pies y a modo de infusión para infecciones de garganta.

El único defecto que tiene el ajo es el mal aliento que produce al comerlo, principalmente crudo.

Por esta razón, el ajo es comercializado en cápsulas y en perlas de aceite de ajo y para beneficiarnos de sus propiedades se pueden ingerir un par de ellas por comida sin riesgo a sufrir mal aliento.

Otra forma de evitar el mal aliento después de una comida en la que hemos ingerido ajos es masticar después del postre unas hojas de menta fresca mezcladas con unas hojas de perejil fresco. La clorofila que contienen las hojas de estas hierbas neutraliza el sabor del ajo y contribuye a su buena digestión.

Fuente: Quiminet

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