En su corto y poco provechoso paso por nuestro país, Victoria Beckam aseguró que España olía a ajo. La contundente afirmación de la antigua Spice Girl y mujer del otrora futbolista mediático David Beckam creó, por su tono despectivo, cierta polémica en el país de adopción aunque, analizada la frase, la pija de las Spice no iba muy desencaminada.

España huele a ajo porque es el país Europeo que más y mejor ha introducido el ajo en su recetario y no se entendería la gastronomía española sin su aroma. España y el ajo caminan juntos en una unidad de destino en lo universal y fueron los súbditos españoles los que introdujeron el ajo en América. A pesar de que Victoria Beckam no se lo crea, el origen del ajo no es español. Como tantos otros productos que son el pan nuestro de cada día, el ajo llegó de Asia Central y entró en el Mediterráneo desde los puertos de Egipto.

En Grecia se ingería para evitar el tifus y la cólera
Las magníficas propiedades culinarias del ajo han ido del brazo de las capacidades curativas de una planta que desde sus orígenes le ha sido otorgada poderes mágicos. Los sumerios lo empleaban para espantar a los insectos, los egipcios lo suministraban a los esclavos como vigorizador y en Grecia se ingería para evitar el tifus y la cólera.

En la actualidad, muchos profesionales de la medicina alternativa recomiendan el uso del ajo negro – de origen japonés – para prevenir la diabetes, la hipertensión y la hiperlipèmia. Entre sus poderes, más cinematográficos que reales, está su capacidad para ahuyentar a los vampiros y otra gente de mal vivir. Los poderes del ajo para espantar a los no muertos es más una falacia centroeuropea que una verdad mediterránea, aunque no son pocos los supersticiosos que tienen colgada una ristra de ajos detrás de la puerta por si las moscas.

Los sumerios lo empleaban para espantar a los insectos
El pueblo de Las Pedroñeras, en la provincia de Cuenca, se ha autoproclamado “Capital Mundial del Ajo”, aunque, paseando por los mercados franceses y la calidad de los ajos galos, el título de campeón del mundo es excesivo. Las potestades más importantes del ajo, y en España somos unos aventajados en el tema, son culinarias, aunque a menudo, los ajos raquíticos que se venden en los comercios no están a la altura de ese saborizante natural.

La lista de recetas españolas en la que el ajo tiene un papel principal o secundario es enorme, pero como “sobre gustos no hay nada escrito”, es de justicia destacar entre todas las recetas hispanas el Ajoblanco, una sopa de origen extremeño y andaluz anterior a la llegada de los tomates a España. Con 200 gramos de almendras blancas, 100 gramos de migas de pan, dos dientes de ajo pelados, un litro y medio de agua fría, 200 ml de aceite de oliva y una cucharada de vinagre, se obtiene una de las grandes sopas frías del mundo. Pero no todo en el ajo es positivo: Los besos con sabor a ajo han sido la causa de innumerables historias de amor fallidas.

 

Fuente: La Vanguardia

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